Mi vida con los autobuses (1)
Mi vida con los autobuses, y con los transportes públicos en general, es una autentica vida apasionada de morbo, avances y decepciones. En otros blogs hablare de los autobuses interurbanos, de los trenes y de los aviones, pero de momento voy a ceñirme a los autobuses urbanos.
Esos autobuses que para hacer un recorrido de escasos 10 kilometros (de un extremo de la ciudad a otro) tardan una hora o mas, en ocasiones con tanta gente que moverse es un ejercicio de respiración, ya que caerse es imposible, y en otras ocasiones con tres o cuatro habituales, repartidos maximizando el espacio personal.
De entre todos esos viajes que he realizado en autobus, voy a centrarme en el morbo que me ha producido durante una larga temporada de mi vida la observación o vouyerismo sobre mis acompañantes.
Recuerdo, y posiblemente recordare toda mi vida, el primero de esos encuentros. Fue durante uno de los viajes de la universidad a casa, en verano. A mi lado se sento una chica de unos 28 años, que llevaba una camisa ancha. Agradable de cara, con pinta de ser simpatica, aunque teniendo en cuenta que en aquella epoca me encontraba en pleno cambio hormonal adolescente, ni pensar en cruzar palabra con ella.
No recuerdo el movimiento que me hizo descubrirlo, ni si fue premeditado o no. La cuestion es que antes de que llevaramos diez minutos de recorrido, yo ya me habia dado cuenta de que no llevaba sujetador. Y de que desde mi posición podia verle la sonrosada y calida forma de un pezon.
Ella se dio cuenta de lo que yo veia, y quiza porque le gusto, o porque le di pena (yo con una adolescencia recien estrenada, y ella *toda* una mujer), durante el resto del viaje me lo pase en una situación excitante. Ella colocaba los brazos de tal manera que su pezon fuera claramente visible, y yo intentaba disimular que se lo estaba mirando fijamente. Claro... os podeis imaginar el grado de excitacion que tenia entre las piernas.
Cuando al fin llegue a mi destino, ella tuvo que levantarse para que yo pudiera alzarme (todavia no se como llego a oir mi "perdona...me dejas salir" con el hilo de voz que me salió a causa de la verguenza/excitación), con tan mala/buena fortuna que la unica manera de alcanzar la puerta fue pasar junto a ella. Mi miembro, tal y como lo tenia, actuo como el baston de un ciego en sus mofletes, alli donde la espalda pierde su santo nombre, y donde dos pares de gluteos mas duros que las piedras hicieron de camino.
Claro, imaginaros la situación despues de eso. Yo, rojo como un tomate (otra chica me pregunto si me encontraba bien), mientras mi torturadora sonreia con malicia mientras volvia a sentarse.
Años mas tarde, viendo que esa situación habia sido algo especial, decidi cambiar de tactica, y comence a sentarme en los asientos que se encuentran situados al principio de los autobuses, quedando de cara a todos los demas asientos. Desde entonces hasta el dia de hoy, he visto de todo, nunca mejor dicho, pero eso hace que mi interes no disminuya, y que me predisponga a buscar el asiento de cara cuando me encuentro en un autobus semivacio.
Ame, por ejemplo, el dia que una desconocida comenzo a lamerse los labios, en respuesta a mis propios gestos. Amé el dia que una cuarentona de falda negra y cachas abundantes salio del asiento abriendo tanto las piernas para mostrarme sus bragas blancas que hasta vislumbre algunos pelos asomando a cada lado. Amé, por supuesto, a todas aquellas que me mostraron, consciente o inconscientemente, sus suaves y acariciadores muslos, donde mis dedos y mis besos soñaron alcanzar.
Y por supuesto, amé a esa chica morena que abrió sus piernas, aparto el tanga, y me mostro el cielo.
Os lo pido por favor. Si alguna vez veis a un chico que esta sentado enfrente de vosotros, y descubris que intenta, con verguenza, descubrir desde su asiento de que color es la tela que roza nuestros sueños, no cerreis las piernas. No nos quiteis esos besos robados al deseo que nos alimentan a algunos por la noche.
